El apoyo a la eutanasia desciende cuando el asunto se piensa más despacio

(Ref aceprensa.com)

Muchas encuestas en distintos países dan una mayoría del público a favor de legalizar la eutanasia. Pero la cosa cambia si en vez de plantear una pregunta genérica se pide a la gente considerar situaciones concretas que sacan a relucir la complejidad del asunto.

Así lo han comprobado Dominic R. Mangino y otros investigadores con un estudio que aparecerá en The American Journal of Geriatric Psychiatry. Hicieron una encuesta a una muestra representativa del público estadounidense sobre si la ley debería permitir la eutanasia en el siguiente caso: pacientes con demencia que hayan dejado instrucciones para que se les diera muerte si llegaran a sufrir una pérdida total de autonomía y a no ser capaces de reconocer a sus familiares.

El primer paso fue como un sondeo de opinión común: se dio a los participantes una descripción de la vida de las personas con demencia y se les preguntó si habría que legalizar la eutanasia para aquellas que la hubieran pedido por anticipado. Los investigadores clasificaron las respuestas en una escala de cinco grados, de “muy en desacuerdo” a “muy de acuerdo”. Salió un resultado similar a los de los sondeos publicados: mayoría del 54,4% a favor de legalizar la eutanasia. En contra se pronunció el 23%, y el 22,6% restante no se decidió por ninguna opción.

El segundo paso empezó dando a leer a los mismos 1.715 encuestados un caso de eutanasia en un paciente de ese género (con demencia y declaración de voluntad anticipada). Los investigadores prepararon seis situaciones que pueden darse y las distribuyeron entre los participantes al azar. Son las siguientes:

  1. La persona con demencia reconoce a algunos familiares pero no a todos.
  2. Pese a haber dejado instrucciones para que se aplicara la eutanasia llegado el caso, el paciente, ya con demencia, dice que no quiere morir.
  3. La persona no presenta sufrimiento aparente.
  4. Es incapaz de entender qué ocurre cuando van a aplicarle la eutanasia.
  5. Antes de practicarle la eutanasia, el paciente es sedado sin que se dé cuenta.
  6. Cuando se disponen a ponerle la inyección letal, parece resistirse.

 

A continuación hicieron dos preguntas a los participantes: 1) ¿Se debería permitir la eutanasia en una situación como esa? 2) Supongamos que la eutanasia fuera legal y, por tanto, estuviera autorizada en tal situación. ¿Estaría usted entonces a favor o en contra de la legalización?

Las respuestas se clasificaron con arreglo a la misma escala de antes.

Opiniones no informadas

Resultó que una considerable proporción de encuestados cambió de postura después de considerar la situación propuesta.

  • Los que se manifestaron dudosos en la primera parte de la encuesta fueron los que más cambiaron: el 37% pasaron a rechazar la legalización, y el 16%, a apoyarla.
  • El 35% de los inicialmente favorables a la legalización pasaron a dudar o a rechazarla.
  • Cambiaron menos los que al principio se declararon contrarios a la legalización: el 22% pasaron a dudosos o favorables.

 

El apoyo a la eutanasia retrocedió en todos los grupos de participantes tras considerar las situaciones propuestas. Bajó más la aceptación de la eutanasia en los casos planteados que la aceptación de la eutanasia en general. Por ejemplo, de los encuestados que consideraron el caso de falta de sufrimiento aparente (situación 3), los favorables a legalizar la eutanasia pasaron del 53% al 43,5%; pero fueron menos aun los que juzgaron admisible la eutanasia en ese caso: el 33%.

La mayor variación se dio en quienes consideraron el caso del que dice no querer morir (situación 2): el apoyo a legalizar la eutanasia bajó al 36,5%. El descenso más pequeño, al 49,3%, corresponde al caso de falta de conciencia (situación 4). En esto, anotan los autores, hay una diferencia entre el público y los médicos: para estos, que el paciente no pueda comprender qué ocurre puede ser un motivo frecuentemente alegado para no ejecutar la voluntad anticipada.

En conjunto, la opinión favorable a legalizar la eutanasia bajó del 54,4% inicial al 41,6%. La postura contraria subió del 23% al 35,3%. La proporción de dudosos quedó prácticamente igual.

Los autores concluyen que los resultados de los sondeos no reflejan opiniones bastante meditadas. La eutanasia es una cuestión compleja, “con multitud de dificultades distintas”, y el público no suele estar bien informado cuando se le pregunta simplemente si habría que legalizarla.

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