La donación de órganos post-eutanasia: ¿Una forma de presión o de dulcificar la eutanasia?

donación de órganos post-eutanasia.

La Organización Nacional de trasplantes (ONT), formaliza las líneas de actuación para dar respuesta a una nueva vía de donación de órganos post-eutanasia, pudiendo estos pacientes solicitar la prestación de ayuda a morir y ser también donantes, si lo expresan previamente, cumpliendo con su voluntad.

Fuente: ObservatorioBioetica.com   Autores: Elena Gabriel, Alberto Miñarro, Ana García – Alumnos del Master en Bioética, UCV

La donación de órganos post-eutanasia

Con la entrada en vigor de la Ley Orgánica 3/2021 de 24 de marzo, sobre la regulación de la eutanasia, se empiezan a considerar actitudes sobre el final de la vida de la persona y la donación de órganos en parada cardiorrespiratoria o Donación en Asistolia, que es “la donación de órganos y tejidos de la persona a la que se le diagnostica la muerte tras la confirmación del cese irreversible de las funciones cardiorrespiratorias (ausencia de latido cardíaco y respiración espontánea durante más de 5 minutos)” con la previa solicitud sostenida del paciente.

Todo ello nos lleva, actualmente, a considerar la donación de órganos después de la eutanasia (DOE), realizada tras la parada cardiorrespiratoria programada en un hospital, donde los pacientes podrán solicitar consciente y explícitamente ser donantes de órganos después de su muerte. La ONT va a publicar un protocolo de actuación junto al Ministerio de Sanidad, para incorporar en el código de Buenas Prácticas, una mención sobre cómo tiene que actuar el médico responsable si el paciente solicita información.

Domínguez Gil, directora de la ONT, puntualiza que no tiene que ver el proceso de donación con el de prestación de ayuda a morir. Hasta que se formalice el Protocolo Nacional, la ONT ha puesto en vigor unas directrices a seguir por los pacientes que soliciten la eutanasia:

“debe existir independencia en la toma de decisiones sobre la prestación de ayuda a morir y la donación; tiene que haber comunicación entre el equipo médico del paciente y la coordinación de trasplante, para que, si el paciente desea información, se la proporcione la coordinación que lleve el proceso”.

Aunque este protocolo no está aún implantado, los pacientes que soliciten la ayuda para morir, pueden expresar su derecho a ser donante de órganos.

Un desafío para los coordinadores de trasplantes

Esta nueva circunstancia de donación supone un desafío para los coordinadores de trasplantes, ya que, en este caso, es el propio paciente quien solicita información sobre lo que es la donación de órganos y las implicaciones. En el caso de los fallecidos por eutanasia, cambian los protocolos de actuación previos al deceso y el paciente verbaliza su deseo y firma un consentimiento informado. Solicitan la información con anterioridad a que su solicitud de ayuda a morir sea aprobada.

La ONT evalúa cada solicitud para comprobar que la persona es compatible con la donación de órganos, siendo el proceso el mismo que en otras donaciones. La donación de órganos tras la eutanasia está operativa en Bélgica, con 50 donantes que recibieron la eutanasia desde 2011; Canadá, 100 donantes desde 2017 y Holanda, más de 80 desde 2012.

Según datos facilitados por La ONT en 2021, de los 7 fallecidos por eutanasia, se realizaron 23 trasplantes y de los 1.905 donantes cadáver en España, más de 1/3 son donantes en asistolia, compatible con este tipo de donación.

El reto moral se establecerá en el caso de qué la DOE, se convierta en una práctica común en pacientes elegibles y éstos puedan sentirse presionados para donar sus órganos. Como sugiere Zeljka Buturovic, investigadora en bioética del Instituto de Ciencias Sociales en Belgrado,

“los pacientes que pasan por la vía de la eutanasia ya enfrentan una presión sustancial y agregar a ella la donación de órganos puede hacer que todo el proceso funcione como un dispositivo de compromiso.

Al permitir que los pacientes de eutanasia donen sus órganos, les estamos dando una razón adicional para terminar con sus vidas, creando así una conexión inquebrantable entre los dos”.

Esta situación se trasluce en otra publicación en la que los autores refieren un caso real: “el paciente solicitó explícitamente que la eutanasia se realizara en la sala de preparación, junto al quirófano, con el fin de limitar el período de isquemia de órganos por el tiempo de transporte desde la unidad de cuidados intensivos al quirófano”.

Así mismo, otra publicación en esta línea recuerda que siempre se debe seguir la regla del donante fallecido (Dead Donor Rule), que exige que a los donantes no se les mate con el fin de obtener sus órganos. Así, los autores expresan que aunque el panorama de la donación de órganos esté cambiando, “el reto de los profesionales involucrados en el proceso continua inamovible: este no debe ser otro que salvaguardar a nuestros pacientes de convertir la donación de órganos en un sofisticado e inadmisible canibalismo”.

donación de órganos post-eutanasia.

Recientemente, el estado de Vermont (EEUU), entrando en una pendiente resbaladiza, acaba de aprobar una ley, que se firmó el 27 de abril, legalizando el suicidio asistido por videoconferencia.

En esta norma se elimina el requisito de que el médico haya examinado al paciente y no tendrá obligación de conocerle personalmente, ni tendrá responsabilidad civil o penal, ni incluso acción disciplinaria profesional prescribiéndole a distancia un medicamento letal para que el paciente se la autoadministre, con la sola constancia documentada de 2 solicitudes verbales del paciente terminal y un examen médico, (que puede no ser el que prescribe el fármaco letal), en un mínimo de 15 días.

De esta forma se prioriza una declaración verbal a distancia del paciente terminal, al deber deontológico del profesional, de respetar la vida y la dignidad del paciente recurriendo a los cuidados paliativos.

Este auge de la eutanasia y el suicidio asistido legalizados nos ha de llevar a la reflexión de si la donación de órganos relacionada con ellos es una manera de dulcificar estos actos (legales, no médicos) que retroalimenten la voluntad eutanásica o suicida de las personas vulnerables en este contexto, creando una espiral eutanásica o suicida con una pátina de solidaridad.

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