El Diario de Noticias y la eutanasia color de rosa

Eutanasia color de rosa

Diario de Noticias nos obsequiaba este domingo con una entrañable crónica de amor y eutanasia, sucedida hace un año. Una mujer de 71 años, con una enfermedad neurodegenerativa, pedía la eutanasia y su familia, comprensiva, abrazaba su decisión. Normalmente las fotos de los funerales de la gente que no muere de eutanasia muestran familiares serios, pero en este caso la foto que ilustra la noticia con el relato de los supervivientes es la de una familia sonriente. Toda noticia relacionada con la eutanasia parece que tiene que venir rodeada siempre de un halo de positividad.

Fuente: NavarraConfidencial.com

Eutanasia color de rosa

Una parte relevante del relato de esta eutanasia es el de las dos enfermeras que ejecutaron la muerte asistida, entre extrañadas e indignadas ante la posibilidad siquiera de haber ejercido el derecho a la objeción de conciencia: “creo en ello y que no me iba a hacer objetora”, “siempre he dicho que para mí y para los míos lo querría”, “desde el primer minuto no tuve ninguna duda”, asegura la primera enfermera. “¿Pero puedo elegir? Si está dentro de nuestro trabajo… Una vez que se ha aprobado la ley, tantos años esperando…

Mis principios no me dejan hacerme objetora, no podría. Me sentiría mucho peor no haciéndolo, registrándome como objetora de conciencia por quitarme ese marrón y no ayudarle a dejar de sufrir”, declara la segunda enfermera, como indignada de que a una enfermera o a un médico se le pueda dar la posibilidad de no practicar una eutanasia y de que ante esa libertad pueda elegir no practicarla.

La eutanasia se convierte a través de los protagonistas en un “acto de humanidad”. Para su hija, “el estar aquí no es de por sí bueno. Es que se dan situaciones muy duras y yo creo que incluso denigrantes para la persona. Si no lo aceptamos en animales… Cuando un perro está sufriendo dices no, es que no puede sufrir y le pegan un tiro. ¿Por qué tenemos a la gente sufriendo?”.

Lo cierto es que la nueva Ley de Bienestar Animal ciertamente no permite pegar por las buenas un tiro a un perro porque se haya convertido en una carga, sea viejo o esté enfermo, siempre que pueda recibir cuidados curativos o paliativos. De hecho casi ya parece que las leyes protegen más la vida de los animales que las de las personas.

Se prohíbe expresamente el sacrificio en los centros de protección animal, ya sean públicos o privados, clínicas veterinarias y núcleos zoológicos en general por cuestiones económicas, de sobrepoblación, carencia de plazas, imposibilidad de hallar adoptante en un plazo determinado, abandono del responsable legal, vejez, enfermedad o lesión con posibilidad de tratamiento, ya sea paliativo o curativo, por problemas de comportamiento que puedan ser reconducidos, así como por cualquier otra causa asimilable a las anteriormente citadas”.

Tengamos además en cuenta que los animales no pueden decir que quieren ser eliminados porque no desean convertirse en una carga para sus dueños. Un problema importante respecto a las personas que piden la eutanasia es precisamente en qué medida piden la eutanasia por no querer convertirse en una carga, una idea en la que se insiste varias veces a lo largo de la crónica del Noticias.

Primero que si un padre, un hijo, una esposa, un marido o incluso un ser querido (que diría Gila) se convierte en una carga, no se le elimina. Se carga con él, porque es mucho más un ser querido que una carga. Porque es un ser humano, no una carga de ladrillos. Porque con los seres queridos se está en las buenas y en las malas. A las personas no se las elimina cuando se convierten en una carga y empiezan a necesitar cuidados.

Por lo menos no llamemos a eso progresar o ser humanitario. Y segundo que las personas y las familias tienen que recibir una ayuda del gobierno para vivir, no para morir. Para el estado la eutanasia no es tanto la alternativa “humanitaria” a los cuidados paliativos y la dependencia como la alternativa barata, lo que nos lleva una vez más a Jordi Sabaté Pons y la Ley ELA.

No se puede decir que las personas que no piden la eutanasia son indignas o que sus vidas son denigrantes. Si en una misma situación una persona pide la eutanasia y otra no, no se le pude marcar a la persona que no pide la eutanasia como indigna y denigrante. Este es de hecho uno de los graves peligros de la eutanasia, el de señalar como indignos a todos los que padecen una enfermedad o una dificultad y no piden la eutanasia.

Si la sociedad, las autoridades y los medios empiezan a considerarte una persona indigna con una vida denigrante, es esto lo que al final puede empujar a muchas personas a pedir la eutanasia. La eutanasia es una pendiente muy deslizante contra los más débiles y vulnerables. Cuidar a una persona puede ser una carga, pero también es algo que da a la vida del cuidador un propósito.

En el caso de Jordi Sabaté o muchos otros, lo que se demuestra es precisamente que incluso en una situación muy extrema la vida no es objetivamente indigna o indeseable. A lo mejor por eso molesta. O sea, si el mensaje al resto de paralíticos del paralítico que pide la eutanasia por considerar su vida indigna es que se maten, el mensaje del que decide vivir declarando que le gusta vivir, y que se puede ser feliz, y que su vida es digna, es que no se maten.

Si un paralítico quiere vivir y otro no, entonces no es un hecho objetivo que ser paralítico o estar conectado a una sonda implique necesariamente la infelicidad o una vida indigna. ¿Por qué se nos bombardea con el ejemplo de personas que ven la dignidad en morir en vez de en vivir? ¿Por qué los familiares sonrientes que se nos enseñan son siempre los de los que piden la eutanasia y no los de quienes acompañan en la dificultad a sus familiares y seres queridos?

— Jordi Sabaté Pons (@pons_sabate) September 22, 2023

Resulta curioso que se incida tanto en el derecho a morir o en que sea incomprensible que haya profesionales objetores cuando lo que en este país no está garantizado es precisamente el derecho a vivir y a recibir ayudas y cuidados. 

La paralización de la Ley ELA (49 veces paralizada) es un claro ejemplo de ello. Son los pacientes de este tipo de enfermedades los que no encuentran personal suficiente para cuidarlos en vez de para matarlos. Cuando a la eutanasia no se le ofrece alternativa a lo mejor no hay que llamarla eutanasia sino elegir otra palabra. ¿Pero alguien duda de que era a esto a lo que nos iba a conducir la eutanasia? Cuanto menos ayudas más rosa parece que se pinta la eutanasia. ¿Ilógico? Todo lo contrario.

Pintar la eutanasia de rosa más intenso cuanto más se niegan las ayudas puede ser implacable, puede ser terrible, puede ser inhumano, pero no ilógico. Comparte este artículo en tus rede sociales.

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