Una madre pide frenar de urgencia la eutanasia que había solicitado su hija, enferma de esclerosis sin dolores, prevista para esta jueves

Presenta una denuncia en los juzgados para impedir el procedimiento, que tendría lugar este jueves en su domicilio de Santiago de Compostela. Alega que no se cumplen los requisitos que exige la ley, porque la paciente no sufre dolores y no está en pleno uso de sus facultades mentales: «Si tiene que suceder que suceda, pero ni así, ni ahora»

Fuente: ABC.es Autor: JOSÉ LUIS JIMÉNEZ

Un juzgado de Santiago de Compostela decidirá en los próximos minutos si María Belén E. A. pone fin a su vida este mismo jueves mediante la aplicación de la eutanasia que ella misma había solicitado o si, por el contrario, prevalece el criterio de su madre, Carmen Alfonso, de 79 años, que se opone al procedimiento. El margen de tiempo es realmente escaso, porque la eutanasia está programada para las 17 horas de este jueves, de ahí que los abogados que representan a la madre hayan solicitado medidas cautelarísimas a la autoridad judicial que impidan la muerte de María Belén.

La afectada, de 54 años, padece esclerosis múltiple y reside en el domicilio materno, en la capital de Galicia, donde recibe los cuidados de María del Carmen. El pasado mes de mayo, el equipo médico del Hospital Clínico de Santiago de Compostela avaló la solicitud de eutanasia de la paciente. Este martes, dos responsables del Servicio Gallego de Salud (Sergas) acudieron al domicilio familiar para avanzarles que hoy jueves se materializaría. La hora marcada es las cinco de la tarde. Carmen no tiene pensado abrir la puerta.

 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
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María Belén fue diagnosticada de esclerosis a los veinte años, cuando perdió visión en un ojo. Los médicos especialistas ya le advirtieron que ese síntoma podía estar vinculado a la enfermedad, como así fue. «En 2002 empezó a cojear de una pierna, pero ella daba clase y hacía una vida bastante normal». Era profesora de inglés «y bastante buena», presume su madre. La enfermedad acabó por condicionar su actividad laboral, y en 2015 obtuvo una jubilación anticipada. Los siguientes cuatro años «estuvo yendo tres horas diarias a una clínica de rehabilitación» para garantizar «que su estado seguía siendo el mismo». Se manejaba con bastón y conducía gracias a un coche automático. Sin embargo, contrajo Covid y sus consecuencias fueron determinantes. «Estuvo seis días en el hospital y le truncó, porque le quitó la fuerza en las piernas».

En su día, María Belén otorgó a su madre un poder general «para actuar en su nombre en cualquier acto y negocio jurídico», según consta en la denuncia presentada ante el juzgado por Abogados Cristianos, que representan a Carmen, «ya que mostraba una incapacidad física y mental de hecho que le imposibilitaba para poder ejercer sus derechos y obligaciones legales». Pero la madre no procedió a la declaración de incapacidad de su hija, quien solicitó la práctica médica para poner fin a su vida de manera voluntaria.

La madre, viuda desde hace tres décadas, alega que no concurren los requisitos legales para que su hija se acoja a la eutanasia, ya que no vive con dolores que hagan de su vida un calvario. «Lo máximo que toma es un paracetamol de 650», explica en conversación telefónica con ABC, «pero puede comer y no está encamada». Sostiene que el informe médico que avala la eutanasia está «lleno de mentiras», y que ninguno de los sanitarios que lo firma tuvo contacto alguno con su hija, a excepción del médico de cabecera. «No se le puede quitar la vida a una persona que está bien», insiste nerviosa.

Alfonso no le niega a su hija el derecho a disponer de su propia vida para evitarse una existencia de dolor y sufrimiento. «Si tiene que suceder, que suceda, pero no hoy ni de esta manera tan atropellada», asegura, «yo no me opongo» a la eutanasia, pero cuando la situación así lo requiera. «Además de un poder notarial, mi hija firmó un documento de últimas voluntades en el que dejaba claro que no quiere ser mantenida con vida artificialmente». La madre no quiere pensar en que todo suceda esta tarde. «Estoy sola, no ha podido venir mi otra hija, que también está en contra de la eutanasia, no sé qué voy a hacer».

Mientras habla con ABC, María Belén «está sentada en el sofá, con el ordenador». La convivencia es compleja en el domicilio, un dúplex en una tercera planta en el Ensanche compostelano, que hasta hace cuatro años no dispuso de ascensor, tras una lucha de más de una década de Carmen Alfonso. Madre e hija hablan a menudo de la situación. «Hay días que me dice que sí, que espera; y otros que no». Alfonso solo pide «darnos un tiempo y que todo se haga de manera más ordenada».

Paciente «capaz»

Desde la Consellería de Sanidad de la Xunta se ha indicado que «la prestación de ayuda a morir de esta paciente se lleva a cabo de acuerdo al procedimiento iniciado, solicitado y deseado por la hija». Consideran que María Belén «es una paciente capaz y está avalada la prestación por la comisión» de garantía y evaluación de la eutanasia de la Comunidad. Además, «ha reiterado su deseo de continuar con el procedimiento a su médico responsable». «En el caso de existir alguna obstrucción a seguir con el procedimiento deseado, y al que tiene derecho, se comunicará al juzgado para que prosiga la actuación», han concluido desde el departamento autonómico.

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