Los médicos y la eutanasia

Euvita Los médicos y la eutanasia

Los médicos y la eutanasia es una artículo del Médico Borja Montero Sánchez del Corral, Máster en Medicina Paliativa y tratamiento de soporte en el enfermo con Cáncer, y Master en Bioética y bioderecho. El autor sintetiza magistralmente el problema al cual se ve abocado todo médico ante la Ley de Eutanasia. Señala que la objeción de conciencia no puede entenderse como una salvaguarda personal sino como una  trampa social porque pretende hacer congruente lo incongruente, es una estafa social.
Fuente: El Confidencial Digital.

Los médicos y la eutanasia

Es llamativa la cierta “indolencia” con la que se ha vivido lo relacionado a la Ley de Eutanasia en la profesión sanitaria. Como si el hecho de reconocer la objeción de conciencia constituyera la salvaguarda “personal” y permitiera seguir con nuestras vidas “tranquilamente”.

Surge la cuestión de si estamos en el camino de una transformación sistémica de la profesión, una desnaturalización de la esencia de la profesión provocada por una malentendida socialización de los servicios sanitarios con todo lo bueno que puede ser eso. Es decir, en lugar de promoverse acciones legislativas en la línea de trabajo, investigación y desarrollo propuestas por los profesionales sanitarios, es el poder político el que dicta cómo “deben actuar” los profesionales. El Estado manda y los médicos obedecen aunque lo que se mande choque frontalmente con la esencia de nuestra profesión. Una “reductio” a la democracia, es decir a la política.

Por otra parte una mayoría notable de los profesionales médicos trabajan para la sanidad pública ergo tienen una doble lealtad, la profesional y la contractual. Intentamos ganarnos la vida y trabajar para la comunidad y prosperar profesionalmente, hacerlo mejor, aprender más,  desarrollarnos  más;  muchas  veces  a  base de interinidades eternas, multitud de guardias, peonadas, horarios ampliados de buena fe por y para la gente… por un sueldo base de 1.400 euros al mes (y es que como eres médico se supone que el altruismo y la vocación están por encima de todo), pero luego llega la eutanasia y ya la vocación no es argumento.

Acerca de la ley de la eutanasia, las estructuras de gobierno de los médicos no han sido consultadas y se emitió un comunicado desde la Organización Médica Colegial poniendo de manifiesto el hecho. Al gobierno le da igual, como si pensaran que los médicos tragan con todo.  No ha habido desde la OMC una acción clara, los médicos no nos hemos plantado, no.

También muchos se alinean con el ambiente eutanásico provocado pero no apretarían el émbolo de la jeringuilla con tiopental y curare. No, no… eso que lo hagan otros, los de paliativos, los de primaria, los de anestesia… yo estaré a salvo porque puedo objetar de conciencia.

En tanto en cuanto formamos parte de una comunidad médica, la objeción de conciencia no puede entenderse como una salvaguarda.

Es una falsa salvaguarda porque el hecho en sí de provocar la muerte de un paciente, la cristalización de esto como derecho, aceptar esto afecta a la raíz de la profesión, nos convierte en ejecutores; no estaremos a salvo, ante una situación de final de la vida estaremos bajo sospecha porque hemos aceptado como cuerpo médico.

La objeción de conciencia es para un supuesto extremo, algo que se considera inmoral, inadecuado, rechazable, pero no tiene mucho sentido la objeción a una ley. Es una “trampa social”  que  pretende  hacer congruente lo incongruente, que pretende una escapatoria imposible para cristalizar en Ley lo que profesionalmente no se debe hacer, nunca ha sido aceptado en la deontología y sólo se ha despenalizado en cinco países del mundo (el resto de los países lo han rechazado). El sexto seremos nosotros si el Constitucional no lo impide.

Y puesto que la acción que se lleva a cabo “cala” en la comunidad se hará consuetudinaria y acabará forzando a la extensión de la práctica de la eutanasia planteando a los pacientes una sola salida y a los médicos una “costumbre”. Cada uno a nuestro nivel tenemos una parte de responsabilidad ante esto (el Constitucional también).

Habría que decir que no se trata ya de una objeción de conciencia sino de una objeción de ciencia. No hace falta que se cree ningún registro de objeción de conciencia. Objetamos de ciencia y ningún tribunal por alto que sea podrá condenarnos por ello. Provocar la muerte no tiene nada de científico, no tiene nada de médico, no tiene nada de compasivo. Es una estafa social.

Las leyes, lo que hace el Parlamento, no necesariamente son “per se” ajustadas a derecho. Eso se pretende, claro, pero al depender de mayorías parlamentarias (que tampoco son necesariamente  mayorías  sociales en número de votos) pueden contener “sesgos” no ajustados a derecho. Se supone que discutir (parlamentar) debería servir para esto. Se supone   que   de  ese  parlamento  de  posturas  distintas  se  encontraría  una  mayor aproximación a lo adecuado, a lo justo, a lo debido (ley es obligación, es deber).

Ante un Ejecutivo/Legislativo que actúa como hemos podido apreciar, con una actitud de rechazo  al  debate,  a  la  mínima  consideración  de los  profesionales  de  Medicina  y Enfermería y despreciando a toda institución asesora, no podemos permanecer callados. Hay miles de personas (tenemos los datos) que claman por una valoración constitucional de la ley.

Cuando hay que buscar soluciones a problemas hay -al menos- que debatir. ¿Por qué ha de despenalizarse la eutanasia? La inmensa mayoría de los países lo han rechazado. ¿Por qué no se cuenta que el 30% de quienes les es prescrita medicación para el suicidio asistido en Oregón no lo toman nunca? (en la eutanasia no hay vuelta atrás) ¿Por qué el supuesto  derecho  al  suicidio  implica  el  derecho  a  que  otra  persona  te administre la medicación letal según establece ésta ley?

No se puede “humanizar” el suicidio. En el fondo, aceptar y consentir el suicidio de cualquier persona  supone  la  claudicación  de  la  compasión  (padecer  con),  la  antítesis  de  la humanidad, en el fondo la cristalización de la indiferencia ante el que sufre en lugar de la implicación, el cuidado, el acompañamiento, la lucha contra el sufrimiento y la afirmación de que no vamos a abandonar a nadie por difícil que sea su situación.

No es un tema baladí, su trascendencia es enorme para la práctica médica y ya nuestros pacientes  empiezan  a  temer  (algunos  así  lo  expresan)  cuando  se  atisba  que  los profesionales de la salud pueden NO luchar por tu vida, tu cuidado, tu salud o tu control de síntomas.

En este momento de la historia están sobre la mesa los fundamentos de nuestro Estado de Derecho, está sobre la mesa la identidad misma de la Medicina y de la Enfermería.

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1 comentario en “Los médicos y la eutanasia”

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